sábado, 26 de junio de 2021

El fin del vitalismo

 (Ciencias de Joseleg)(Biología)(Introducción y biología celular)(La célula)(Introducción)(Del vitalismo a la abiogénesis)(El fin del vitalismo)(Del microscopio a la teoría celular)(Más que una bolsa de proteínas)(Como se estudia la célula)(Las propiedades de las células)(Generalidades de la célula y su estudio)(La célula procariota)(La célula eucariota)(Introducción a las partes de la célula)(Referencias bibliográficas)(Versión documento word)

 

En la sección anterior se ha visto como el concepto de abiogénesis hace parte del programa de investigación de la generación espontánea siendo una hipótesis auxiliar, pero no como parte del núcleo fuerte, es decir aun cuando se refutó el concepto de abiogénesis, la generación espontánea hubiera continuado mediante la hipótesis de heterogénesis –hasta que fueran descritos los ciclos de vida complejos de los parásitos –lo contrario también es válido. Sin embargo, es importante recalcar que el núcleo fuerte de la generación espontánea hace referencia a dos ideas importantes, la primera la de un tiempo reversible en la que la generación espontánea es la misma en el pasado, presente y futuro; y la segunda el contacto con el aire o fuerza vital.

El pasado es irreversiblemente diferente del presente y del futuro, el problema del tiempo irreversible es introducido de forma primordial por Charles Darwin “1809-1882”, aunque las ideas evolutivas ya estaban presentes en otros autores entre los que cabe destacar a Jean-Baptiste-Pierre-Antoine de Monet caballero de Lamarck “1744-1829”. Tanto la teoría de la evolución como la generación espontánea parecían estrechamente relacionadas en el sentido de que ambas intentaban explicar al mundo natural en base a las leyes de la naturaleza “naturalismo metodológico”. Sin embargo Darwin era bastante perspicaz y cauteloso en ese sentido, por esa razón evadió de forma magistral en su obra máxima El Origen de las Especies (C. Darwin, 1859) a la generación espontánea o cualquier acercamiento al problema del Origen de la Vida.

Fueron otros autores quienes vincularon inicialmente las ideas darwinianas la generación espontánea, entre ellos cabe destacar a uno de sus más grandes seguidores, el biólogo alemán Ernst Haeckel “1834-1919”. A pesar de que la evasión de Darwin sobre el Origen de la Vida puede verse como totalmente intencional, Haeckel la percibía como una debilidad “El mayor defecto de la teoría darwiniana es que no da luces sobre el origen del organismo primitivo –probablemente una célula simple –de la cual todos los seres vivos descienden. En el momento en que Darwin asume un acto creativo especial para el primer ser vivo, pierde consistencia(Haeckel, 1862; Rieppel, 2011). La hipótesis de Darwin permitía una explicación materialista aplicable a una metodología de investigación, por lo que si se asumía que el Origen de la Vida tenía un origen no materialista (Blanco, 2012), su estructura de pensamiento no sería coherente “por lo menos en lo metodológico” y eso era de lo que se quejaba Haekel.

Tal vez la referencia más directa que tenemos del pensamiento de Charles Darwin sobre el Origen de la Vida no sea un documento académico públicamente difundido y formalmente publicado, sino por el contrario, una carta que escribió a su buen amigo Joseph Dalton Hooker “1817-1911”. La hipótesis o serie de hipótesis expuestas en dicha carta han venido a conocerse en su conjunto como la “Pequeña charca caliente” de Darwin escrita en 1871, por decir casi una década después de que la teoría de la generación espontánea fuera parcialmente refutada de Pasteur (Peretó, Bada, & Lazcano, 2009; Spaargaren, 1985; Strick, 2009a) y al menos unos 5 años antes de la descripción de las esporas termoestables, por lo que varios académicos aún seguían encontrando y reportando crecimiento de microorganismos en caldos de cultivo vigorosamente calentados. La carta así como otros documentos de Darwin fueron recolectados en un solo texto por su hijo (Darwin, 1887) y su texto original completo es el siguiente:

Será un descubrimiento curioso si la observación del señor Lowe de que la ebullición no mata ciertos mohos se demuestra; pero ¿cómo se puede explicar la ausencia de todos los seres vivos en los experimentos de Pasteur? Siempre estoy encantado de ver una palabra a favor de Pangenesis, que algún día, creo, tendrá una resurrección…

… A menudo se dice que todas las condiciones para la primera producción de un organismo vivo están presentes ahora, igual que en todo momento pasado. Pero si (y es un enorme sí) pudiéramos concebir en un pequeño estanque cálido con todo tipo de amoníaco y sales fosfóricas, luz, calor, electricidad, etc. presente, que un compuesto de proteína se formó químicamente, listo para sufrir cambios aún más complejos, en la actualidad tal materia se devoraría o absorbería instantáneamente por la vida ya presente, lo que no habría sido el caso antes de que se formaran las criaturas vivientes.”(Darwin, 1887)

Figura 7. Darwin plantea una idea simple pero potente, las condiciones para el origen de la vida no están dadas en la actualidad, pues la vida se comería a la previda.

La carta resalta dos aspectos importantes de la discusión sobre el origen de la vida y la generación espontánea, la primera “contrario a la tradición”, los experimentos de Pasteur no eliminaron por completo las hipótesis sobre abiogénesis, de hecho Darwin en el primer párrafo de la carta se realiza una pregunta metodológica sobre el cómo Pasteur determina la ausencia de desarrollo de seres vivos en los frascos de cuello de cisne, el problema es que si existen seres vivos que son capaces de sobrevivir a la ebullición, y estos causaban que no todos pudieran replicar los datos de Pasteur. La aseveración de Darwin era ciertamente especulativa, dados los diferentes datos en conflicto que iban y venían, aunque actualmente se sabe que en efecto existen bacterias capaces de sobrevivir por encima de la temperatura de ebullición (Takai et al., 2008). En cualquier caso, las dudas de Darwin sobre la refutación definitiva de la generación espontánea eran compartidas por otros biólogos ilustres como August Weismann “1834-1914”, Emil du Bois-Reymond “1818-1896”, Karl von Nageli “1817-1891” y Hermann von Helmholtz “1821-1894” (Lazcano, 2010).

El segundo párrafo es el más famoso, y representa uno de los primeros indicios no solo de la aproximación del Origen  de la Vida desde una perspectiva química, sino también desde el punto de vista del tiempo irreversible (Benfey, 2007) y metodológicamente materialista (Blanco, 2012). Una vez que la vida surge, esta devora la previda a su alrededor, pues la previda está compuesta por materiales que sirven a la vida para crecer y reproducirse. En tal caso, toda práctica de laboratorio que intente crear vida o condiciones antes del surgimiento de la vida “prebióticas” debe asegurar que NO existan seres vivos que contaminen/devoren los sistemas químicos en desarrollo.

Esta conclusión elimina la otra mitad del núcleo fuerte de la generación espontánea que hace referencia al tiempo reversible en el cual paso, presente y futuro eran todos iguales; la nueva hipótesis se basaba en un tiempo irreversible, en donde las condiciones del pasado eran diferentes a las del presente, y en consecuencia estas deberían ser deducidas y simuladas experimentalmente. En base a esto el experimento de Pasteur refutaba la generación espontánea en el presente, y en consecuencia lo refutaría en todos los tiempos. Sin embargo, en una dimensión de tiempo irreversible, donde se asumen condiciones diferentes para pasado, presente y futuro, el hecho de que los experimentos de Pasteur y seguidores refuten el presente no afectarían en nada al pasado (geológico) o al futuro (diseños experimentales).

Sin duda la generación espontánea parte de las ideas vitalistas, en la cual las estructuras biológicas están imbuidas con algo más que sus constituyentes físico-mecánicos, pero se podían plantear posturas vitalistas sin que se aceptara necesariamente la idea de la generación espontánea, y Pasteur es un ejemplo de ello. Adicionalmente, como comenta Lazcano (2010), las ideas de la generación espontánea en Francia aun desde los tiempos de “Buffon 1707-1708” habían sido asociadas con actitudes ideológicamente polarizadas hacia filosofías materialistas de nivel ontológico y hacia un secularismo radical (Farley, 1974; Henry, 1999).  Es particularmente evidente que las teorías darwinianas de la época eran materialistas –aunque cada autor podría concebirla a nivel ontológico o meramente metodológico –el problema es que, igual que sucedió siglos antes con la generación espontánea, el mero hecho de ser materialista la convertía en una idea peligrosa, dentro de un contexto fuertemente religioso, pues eran fácilmente tildadas de ideas ateas, algo aun peligroso para la época.

 Esta oposición radical al pensamiento darwiniano era común dentro de la mayor parte de la academia francesa (Farley, 1974), pues por ejemplo, uno de los más grandes opositores a las ideas de Darwin también fue un francés, Louis Agassiz's “1807-1873”, quién realizó sus críticas cerca de 1860 (Morris, 1997). En la perspectiva de la academia francesa, la generación espontánea y el darwinismo eran tan materialistamente conectados, que aparentaban ser uno, por lo que si se lograba refutar uno se eliminaba el otro (Farley, 1974), aun cuando para Darwin, Huxley y sus seguidores los problemas del origen y el cambio de los seres vivos eran independientes entre sí (Strick, 2009a).

Farley (1974) menciona que esta oposición se debía a que la academia francesa aún se encontraba dominada por viejas ideas románticas basadas en la filosofía natural, en las cuales aún no se había generado una separación clara en el método por el cual se desarrollaría la ciencia, es decir, la biología aún era pensada como un mecanismo para comprobar la existencia de Dios “idealismo metodológico”. Por el contrario, la academia de las naciones alemanas había ya delimitado su campo de acción hacia una perspectiva materialista ya fuese metodológica u ontológica. Este materialismo se basaba principalmente en la escuela fisicalista del siglo XIX que se oponía al vitalismo y veía a los seres vivos como máquinas creadas por sus componentes físicos.

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La urea se consideraba una sustancia que requería la fuerza vital al interior de los seres vivos, sintetizarla de materiales no vivos en un frasco de vidrio fue un descubrimiento revolucionario por parte de Wohler.

El problema de la estructura interna de los seres vivos, fuera esta superveniente a sus componentes físicos, o basada en alguna fuerza vital no sería resuelta en el siglo XIX. De hecho, el vitalismo era verdaderamente arraigado dentro de la opinión de aquellos que estudiaban los componentes de los seres vivos, es decir los químicos. Jöns Jacob Berzelius “1779-1848” consideraba que las leyes de la química de los seres vivos “química orgánica” era diferentes de los de la química inorgánica, de forma tal que una síntesis inorgánica no podría producir moléculas orgánicas (Miller & Lazcano, 2002).

Posteriormente las síntesis orgánicas mediante sustancias inorgánicas darían su aparición. Estas síntesis fueron exitosas en el sentido de lograr generar biomoléculas de importancia a partir de moléculas inorgánicas simples, sin embargo, difieren en las síntesis prebióticas en el siglo XX en un aspecto fundamental. Su diseño experimental no tenía como objetivo tratar de reproducir condiciones abióticas-prebióticas, en otras palabras, no se basaban en modelos geoquímicos de cómo debía ser la Tierra primitiva (Benfey, 2007) por el contrario, trataban de encontrar los mecanismos por los cuales las plantas actuales podían fijar ciertos componentes inorgánicos (Lazcano, 2010), es decir trabajaban en una escala de tiempo reversible (Benfey, 2007). En cualquier caso, en esta época hay una reacción que se ha vuelto relativamente celebre al interior de la comunidad de químicos prebióticos y es la reacción de Formosa desarrollada por Aleksandr Butlerov “1828-1886” en 1861 (Butlerow, 1861). La reacción de Formosa fue celebre inicialmente por ser una síntesis inorgánica de carbohidratos, sin embargo, aún sigue llamando la atención debido a sus mecanismos de reacción. Esto es debido a que el proceso de la reacción de Formosa incluye la autocatálisis (Parmon, 2008; Parmon & Snytnikov, 2002), una de las propiedades clave para los sistemas prebióticos (Hordijk, Hein, & Steel, 2010).

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